martes 20 de octubre de 2009
Llueve y recuerdo. Llueve ahí fuera y yo recuerdo aquí dentro, al abrigo y en mí. En tres años tres casas, tres lugares de trabajo, tres grupos de compañeros. Cortegana, Pruna, Alosno. Un triángulo de nombres similar a cualquier otro. Tres vidas, tres destinos tomados primero y luego abandonados, tres posibilidades que apenas se cumplieron. Tres posibilidades de muerte y olvido. Tres vidas vividas porque otros me las prestaron.
En la mesa, un teclado y Nietzsche. Mi mente divaga, lejos del libro y de la lluvia. Recorro los otros dos lados del triángulo, alcanzo con la memoria los otros vértices, allá lejos en los recuerdos de la vida que tuve. No alcanzo ninguno de los centros del triángulo. Algún día tendrá infinitos vértices y, entonces, se habrá cerrado el círculo. Habré muerto. Geométricamente hablando, claro.



































3 comentarios:
Me encantó esta geométrica mirada del recuerdo. ¿Qué es, acaso, la memoria, si no un lugar de perplejos vértices? Salud, compañero, te saludo desde uno de esos ángulos.
En efecto, coincido con Tomás en que la imagen es estupenda. Pero, poniéndonos prosaicos, espero que ganes esas oposciciones pronto, y que el triángulo no vaya mucho más allá de un cuadrado, un pentágono o poco más.
Un abrazo, Iván.
Muy buena la imagen de la vida como un polígono que deviene circunferencia al ir aumentando su número de vértices.
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