Siempre queda luz

martes 26 de mayo de 2009

¡Qué eterna primavera! Estoy cansado ya de tanta regeneración. Aún no percibo el absoluto tiempo de la muerte, aún he de renacer, sobrevivir, envejecer, quedarme sordo, ciego e inutilizado. Soy demasiado fuerte y joven a estas horas todavía, me resta mucho aún por soportar. Debo entregar aún demasiado amor, debo darme demasiado todavía a esos demás que no han visto en mí más que a otro igual que ellos mismos.

Soy el que sabe que siempre queda luz tras de las nubes.

Con cualquier bruma

sábado 23 de mayo de 2009

Voy a desaparecer poco a poco, voy a desvanecerme con cualquier bruma, voy a demostrar mi vocación de sombra. Mañana estaré ahí un poco menos, y otro tanto después, y otro tanto luego. Un día de pronto habrá un cuerpo en el sitio del mío, habrá otra carne, ni siquiera una sombra de mi sombra. Habrá otra vida en mi lugar, tal que la mía. Habrá una vida en nada diferente de la mía.

Un idioma muerto

viernes 22 de mayo de 2009

Dime que queda algo más que la vida. Esto solamente no puede ser la verdad, ha de haber otras mentiras. Ha de haber una mentira en la que exista la esperanza de entender, en la que aliente un simulacro de la verdad.

Un nombre, solo un nombre queda de tu paso por el mundo, solo las palabras que pronuncies antes que los otros, antes de que los otros te hayan nombrado y sepan que te dicen. Ser más que un nombre, que el recuerdo de un idioma muerto.

La felicidad

jueves 21 de mayo de 2009

La felicidad pertenece a los que se bastan a sí mismos.

Ética, Aristóteles

Soledad

martes 19 de mayo de 2009

El hombre de ingenio aspirará ante todo a la ausencia de dolor, a no ser importunado, a la calma y el ocio; en consecuencia, buscará una vida tranquila, moderada, pero con el menor estorbo posible; y así, tras algunos tratos con los llamados “hombres”, elegirá la vida retirada y, en el caso de un gran espíritu, la soledad. Pues cuanto más tiene uno en sí mismo, tanto menos necesita de fuera y también tanto menos pueden ser los demás para él. Por eso la eminencia del espíritu conduce a la insociabilidad. […] En consecuencia, en conjunto encontraremos que cada cual es sociable en la medida en que es intelectualmente pobre y, en general, vulgar. Pues en el mundo no se tiene mucho más que la elección entre soledad y vulgaridad.

Schopenhauer

Aforismos sobre la sabiduría de la vida”

Parerga y Paralipómena